sábado, 13 de noviembre de 2010
El miedo se va. De a poco, imperceptiblemente, los fantasmas que acosaban -y muy duramente- las noches y los días, se esfuman, se vuelven una niebla poco densa que casi no roza. Las palabras fluyen, el sol predomina, como en un picnic exitoso. No sé si el tiempo es la respuesta, sino más bien el complemento; porque parece que estuviéramos siempre parados en el mismo lugar, con una oferta incesante de imágenes que giran a nuestro alrededor. Lo emocionante es el momento en el que estiramos la mano y clickeamos sobre una de ellas, sin pensarlo. En ese momento no somos jóvenes, ni viejos, ni estamos agotados. Simplemente elegimos no seguir, no darle el gusto a la angustia, no volver a contemplar portarretratos de épocas que no volverán. Cerramos los ojos al tocar esa imagen cuando lo que vamos a elegir no es importante, sino el hecho de hacerlo. Se debe confiar, se debe actuar, se debe querer, se debe inspirar hondo y saltar.
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