jueves, 23 de diciembre de 2010

Cierta incertidumbre que golpeaba la puerta aquel invierno sorprendió a los habitantes de la vivienda. Entró sin saludar, pasando por al lado de la mujer y sentándose en el sofá, cerquita del hombre. Con un cigarro consumido en su mano izquierda, con aspecto de llevar días caminando. La oscuridad de su mirada se posó sobre la mesa todavía desarreglada de la cena, los zapatos dejaron marcas de barro sobre la alfombrita blanca de la entrada. Estirándose, el triste sentimiento sonrió a la mujer y palmeó la mano del hombre, que todavía sostenía un gesto de sorpresa sobre su frente. La incertidumbre apoyó el cigarro milenario sobre el cenicero inmaculado de la mesa de café, y rió, con risa suave, cansada, malhumorada. La mujer dio un paso hacia la cocina y se detuvo; mirando por encima del hombro a su pareja suspiró y levantó los platos de la mesa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

El miedo se va. De a poco, imperceptiblemente, los fantasmas que acosaban -y muy duramente- las noches y los días, se esfuman, se vuelven una niebla poco densa que casi no roza. Las palabras fluyen, el sol predomina, como en un picnic exitoso. No sé si el tiempo es la respuesta, sino más bien el complemento; porque parece que estuviéramos siempre parados en el mismo lugar, con una oferta incesante de imágenes que giran a nuestro alrededor. Lo emocionante es el momento en el que estiramos la mano y clickeamos sobre una de ellas, sin pensarlo. En ese momento no somos jóvenes, ni viejos, ni estamos agotados. Simplemente elegimos no seguir, no darle el gusto a la angustia, no volver a contemplar portarretratos de épocas que no volverán. Cerramos los ojos al tocar esa imagen cuando lo que vamos a elegir no es importante, sino el hecho de hacerlo. Se debe confiar, se debe actuar, se debe querer, se debe inspirar hondo y saltar.

martes, 5 de octubre de 2010

Sos

Tu canción me hizo cosquillas anoche, porque deambulabas como un fantasma añejo e imposible en medio de la multitud. Sentí tus dedos rozar mi mano, pero no pude mirar hacia el lado por el cual habías huido, porque ya no estarías ahí; una mancha en el recuerdo del aire que tampoco está seguro de haberte sentido suspirar. Y tu risa, siempre tu risa asesina y cruel recordándome que la batalla está perdida desde el principio, y que estas cadenas son tan reales que el peso en el alma indudablemente está venciendo al coraje.

martes, 14 de septiembre de 2010

Quiero filmarte mientras dormís. Quiero tus secretos de cada noche eternizados en una memoria, quiero tu respiración imperceptible como única música a la hora de meditar. Me gustaría aprender para conocerte el lenguaje de los sueños, quiero saber qué es lo que le susurrás a las sábanas pasadas las 3 de la madrugada. Dejame pasar a tu plano, que acá las cosas son comunes y corrientes y no hay mundos de eternos verdes ni conciencias tranquilas.

domingo, 22 de agosto de 2010

Domingo. Hoy es domingo y todo se aletarga. Mientras espero algo que no puedo definir, me insisto a mi misma para salir y enfrentar esos rostros de fin de semana que se apuran por volver a sus hogares, sabiendo que lo tan temido ha llegado por fin y que ya no son tan libres como lo fueron el sábado. Por no perder esa libertad, o mejor dicho, por perderla de manera más imperceptible, insisto en quedarme en la cama para disfrutar -tristemente- de un capítulo más de esa serie de tv que ya terminó hace años pero que por algún motivo necesito ver. ¿Será porque me lleva a otras épocas, otros espacios? Con frecuencia suele pasarme que necesito hacerme de pequeños objetos o volver a escuchar determinadas palabras que me impresionaron en su momento para encontrar una faceta de mi que se quedó en el tiempo y se hace extrañar. No por adecuada o por trascendente, sino simplemente porque fue y ya no hay peligro de que sea. Al menos no a plena luz del día; en la intimidad los antiguos terrores o los pensamientos oscuros revolotean sobre la mesa esperando impacientes a que alguien se descuide.
Bueno, es domingo y las palabras quieren salir aunque no sea en forma de relato o de poema, más bien en esta especie de ensayo o de diario íntimo -en plena web- porque creo que sienten que las he dejado arrinconadas en alguna habitación del pasado y que las veo como algo pasado de moda. Y sepan que eso jamás. No saldrán de manera audible, pero todavía puedo dibujarlas aunque sea apretando teclas que ahorran tiempo y agilizan el traspaso de pensamientos que todos sabemos son escurridizos. Las palabras, esas acompañan siempre; el amor, la seguridad, la inocencia, la alegría, quedan suspendidos en ciertos períodos pero siempre habrá alguna manera de transmitir lo que duele o molestan esas ausencias. Mi manera son las palabras, diciendo esto a modo de cierta presentación o etiqueta para todo lo volcado días y meses atrás, que fue obra de impulsos a veces y de rabia en otros momentos.
Escribir. Escribir por algún motivo específico es mucho más sencillo; que me encarguen algo en la facultad origina un despliegue de artimañas y lugares comunes que no son muy difíciles de trenzar para llegar a agradar a otros, para recibir el gesto de asentimiento y vislumbrar la sutil sonrisa de lado que indica que ese espíritu está conforme con las frases que desfilan ante su mirada. Yo no suelo estar conforme, por eso cuando termino de escribir algo y me veo en la obligación de tener que releerlo -es una nota que después será plasmada en la cuadriculada planilla del profesor-, toda mi tozudez lucha contra esa obligación de pasear la vista rápidamente agregando comas acá o eliminando palabras repetidas más allá. Hasta que se parece a la música, hasta que lo leo y me parece redondo -nunca lo es- y entonces lo cierro para no volver a verlo y ya no existe para mi.
En este momento escribo porque me ahogo, porque me asfixia la ciudad, con sus domingos de plástico que ya no engañan a nadie y con sus bocinas impacientes que quieren llegar, que desesperan por sobrepasar, que insultan a todo peatón y que me impiden dormirme, porque al fin y al cabo tengo que salir a comprar esa tintura y a enfrentar las últimas horas sin las cadenas de la rutina.
(¿Será cierta la última oración?)

sábado, 14 de agosto de 2010

no te cambiaría por nadie

Sé que es mi imaginación lo que te da forma,
sé que probablemente tus ojos sean negros y tu cabello azul
porque al cerrar los ojos, cada vez te veo distinto
y cada vez más parecido a vos mismo.
Esa forma en mis pensamientos,
esos rasgos que se apoderan de tu cara, y te asustan
los vientos que traen una voz que no es la tuya y que
toma tu garganta, sé que son injustos,
así haciéndote, y creándote, un poco voy desdibujandote
y tu forma verdadera se pierde, porque cuando sos mío
sos a la vez otro, el de la irrealidad
el de los mundos ocultos
el que se oculta a la mirada sensata y a las posibilidades
que, si fueran infinitas!
El roce de tu mano está fabricado de miles de roces
es una combinación perfecta de lo que quiero, y de lo que tengo
esa cálida aspereza de unos dedos que de diluyen cuando me despierto
aún más cansada, aún más lejana.

lunes, 26 de julio de 2010

unidos por un ritual de sangre, los dos hermanos se miraron, incapaces de ocultar el horror que sus pupilas soportaban. El corazón todavía latía en sus manos, y la noche silenciosa no los engañaba; a lo lejos las luces de los artificios de navidad elevaban los ecos de los festejos y las risas estruendosas. El campo en el que se hallaban ambos estaba bastante alejado del centro del pueblo, un pequeño bosque de arboles altos y flacos los escudaba de la curiosidad de otros niños que jugaban en los alrededores. La brisa -jamás olvidarían ese respiro tan tenue, el jadeo del verano que adormilaba a cualquier hora del día- parecía acrecentar con su caricia el dolor en lo hondo del pecho, el remordimiento que hacía querer lastimarse, sangrar con sangre parecida a esa que ahora se esparcía a su alrededor, implacable, -todo un río de sangre-, y ellos que no iban calzados, porque jamás lo hacían en verano. Había pasado media hora de la medianoche y sabían que ya estaban buscándolos, que el juego ya había comenzado y que esta vez no estarían del lado de los cazadores. Su víctima, rubia, de unos cinco años, descalza -¡y tan pálida!-, miraba el infinito recostada sobre el pasto, con ojos que no habían conseguido cerrar, a sabiendas de que sólo enfurecería más a los Privilegiados. El mayor apretó el corazón sobre su pecho -ahora suyo, el primero- y dándole un golpe en el hombro a su cómplice enfiló hacia los límites de sus tierras, al tiempo que ladridos de perros desesperados invadían la noche calurosa, rojiza.

sábado, 10 de julio de 2010

No ganaban nada separados. Pero se despidieron, cada uno soñando un retorno, cada uno anhelando no volverse a ver. El tiempo juntos era perfecto; cada frase en el tono adecuado, las manos que se juntaban al saludarse y no se soltaban, se quedaban escondidas debajo de la almohada.
Casi la subestimó. Una noche cometió el error de relajarse, de entablar conversación con una desconocida. "Yo no me enamoro", le dijo, y ella le creyó, porque internamente deseaba oírlo. Y no pudo evitar amarlo al instante. Supongo que algo debió cambiar en su mirada, quizás fue un parpadeo innecesario o el bajar la vista para descargar la ceniza del cigarrillo. Él lo notó, porque no podía ser de otra manera, porque siempre esperaba huir. Lentamente, sin dejar de sonreír pero limitando las palabras guardó el libro que ojeaban hasta recién. Sus manos temblaron, imperceptiblemente; ella no lo notó porque elaboraba ya la historia que esa noche le contaría a su cuarto vacío. La mala suerte, el destino, la hora...él se iba por todo eso, y no por el fuego que desprendían sus ojos ni por la calidez del roce de su mano que sin querer alcanzó su dedo meñique. "Yo no me enamoro", murmuraban los pasos de los adolescentes ruidosos que los chocaron en la calle. Así el mundo los absorbía y los despedía con pronto, con luego de la cursada, con no perdamos el contacto.

lunes, 28 de junio de 2010

Días nublados que se abren ante mi
y vos, siempre vos,
siempre tu carisma y tu sarcasmo
Venis a quitarme estas nubes que se me pegan
y me cierran los ojos
Venis tan fiel cada siglo,
a mendigarme algo de alivio
Vamos a masacrarnos, como siempre
de la mano

miércoles, 16 de junio de 2010

Solamente quiero irme con vos
en este momento, no se me ocurre nada que
me haga imaginar
el caminar lento, la tortura del tiempo hasta abrazarte
La escena en la calle, cuando siento que me llaman
y mil veces me doy vuelta, y en el sueño
mil veces sos y no sos vos.
Como en una novela, fijo mis ojos en un punto
y mientras viajo en subte mi espíritu te busca
y a veces te encuentra, y cuando me doy cuenta sos
una lágrima, otras una cruel voz que me trae
acá
Donde no sé quien soy, donde siempre soy la misma
es sólo en mi mente en donde me reconozco: mujer, calma
ese sosiego de sillón a media tarde, de mate comenzado,
esa complicidad de sentirte observando
Te sueño, todavía te confundo entre multitudes
todavía le doy forma a tu rostro que no puedo acariciar,
sigo agobiándote como un escalofrío fuera de lugar.

jueves, 10 de junio de 2010

Tanto frío, tanto frío
sin embargo amo caminar por la calle con el viento
pegado a mis huesos
No soporto el frío sentada dentro, la escarcha se posa suave
en mis hombros
Entonces me envuelvo en la bufanda
y salgo a encontrarte, a pelear con las súbitas danzas
en las esquinas
A que me duelan los cachetes de tanto frío y tanta sonrisa.

miércoles, 2 de junio de 2010

Es mejor

El deber, el deber
lo que se supone y lo que sería correcto
ya cuánto hace, cuánto pasó desde que
sigo otro camino
Mitigando el dolor aprendí a entrecerrar los ojos
soy ciega, por voluntad, por decisión
tal vez por cobardía pero nunca por ignorancia.
Tantos reproches desoídos y desesperaciones ajenas
¿cómo pueden vivir tan agobiados?
Ya sé, la selección es cruel, pero dame un antídoto
cerrar, cerrar tanto dolor...
Quien dice que escapar no es la solución,
no conoce de corazones fríos. Y yo tengo abrigo,
tengo tanto amor que me inunda
pero igual te doy la espalda, lo que digas ya lo imaginé
lo adiviné, seguí el movimiento de tus labios con los míos.
Somos tan predecibles...
Es mejor el silencio, entonces,
entonces siempre el silencio o la música fanática.

jueves, 27 de mayo de 2010

Habría un millón de razones

Para pedirte que volvieras

Porque la distancia en el tiempo es peor que la distancia en el espacio

Porque se deshacen en sinsentidos mis palabras que

Se han reducido a la categoría de sílabas, que

Se elijen por sí solas y asoman cuando quieren y como quieren

Porque cada vez son más los momentos observando con fascinación la pared

Porque, cómo entender…You are not here.

Habría un millón de razones

Pero eso sería suponer que todavía hay una razón, una

Importante, y sería muy ingenuo y hasta divertido

Fatalmente divertido, como la risa después de la tragedia

Si no llegara la lluvia, se podría caminar tan lejos

Hasta que el cansancio te alejara un poco más, lo suficiente

Para dejar de estar asfixiada, y llegar a un sitio y acordarse

De qué diablos hacemos ahí

Habría un millón de razones, te aseguro que siempre se puede contar con la imaginación, pero

Aún no llueve, y salir a caminar…

O comprar compulsivamente,

O subir el volumen de la música,

O leer un libro de miles de páginas,

O hacer muchos amigos y llamarlos

Amigo

O todo a la vez, o esperar la lluvia

O crearla.