jueves, 23 de diciembre de 2010
Cierta incertidumbre que golpeaba la puerta aquel invierno sorprendió a los habitantes de la vivienda. Entró sin saludar, pasando por al lado de la mujer y sentándose en el sofá, cerquita del hombre. Con un cigarro consumido en su mano izquierda, con aspecto de llevar días caminando. La oscuridad de su mirada se posó sobre la mesa todavía desarreglada de la cena, los zapatos dejaron marcas de barro sobre la alfombrita blanca de la entrada. Estirándose, el triste sentimiento sonrió a la mujer y palmeó la mano del hombre, que todavía sostenía un gesto de sorpresa sobre su frente. La incertidumbre apoyó el cigarro milenario sobre el cenicero inmaculado de la mesa de café, y rió, con risa suave, cansada, malhumorada. La mujer dio un paso hacia la cocina y se detuvo; mirando por encima del hombro a su pareja suspiró y levantó los platos de la mesa.
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