miércoles, 1 de febrero de 2012

No tardes


Marisma de colores, me acerco a ti porque nadie más puede verme. No somos tan distintos los dos, ni fuimos tan tontos como para no querernos. Silba, como me gustaba que te hicieras presente al final del pasillo. Suave, burlonamente, buscando con la mirada una complicidad adquirida y perfeccionada. Esas siestas interminables, el aleteo de los pajaros, el olor a tierra recién mojada por la regadera. En la pequeña burbuja personal que era nuestro mundo no entraban sueños fallidos, ni rabias contenidas, ni tristeza mal disimulada. No es que siempre nos rieramos; pero el llorar era sobre todo sincero, palpable, sereno.
Castillo de arena. Te rodeo y no sé como hablarte. ¿Era tu favorita la canción de la radio que cambiaste el otro día? No voy a olvidar el gesto de brusca concentración con que miraste el aparato. Calladamente tarareaste una melodía (problemente inventada) y pasaste la página del libro, como si el instante no se hubiera interrumpido nunca. Estiraste el tiempo, protector de mentiras. Pero me senté a tu lado, y comenté algo sobre el día que se iba.
No es justo, avioncito de papel. Saliste temprano y sigo escribiendo, notando que tu té frio no guarda la marca de tus dedos en la taza. Estas palabras son para ti, para ellos tal vez, que miran por encima de mi hombro y asienten -creyendo- comprender. Yo creo que no he comprendido jamás hasta ahora. No puedo decir que no rotundamente, porque te reirías de mi, y ellos pondrían ese gesto de cansancio, de hastío, de paciencia cultivada. Maíz dorado, quiero la luz que entraba por la ventana y que se fue a la esquina a esperarte. Quiero tu sombra estirandose sobre mi vereda, tocandome antes que tú; quiero la piedrita que pateaste con gesto de niño y que no volvió de entre los arbustos.
No tardes, fuego encerrado. Necesito que me expliques por qué a veces si y por qué a veces no, por qué aquel no quiere hablarme y a aquella parezco haberla perdido. No tardes, fuego encerrado. No tardes porque quiero estar contigo.

jueves, 19 de enero de 2012

Gato gris

Leer casi escuchando palabras ajenas que podrían ser propias, es casi como encontrarte con un espejo en medio de la calle. Tener la sensación de haber elaborado esas líneas, preguntandote sino será ese otro universo donde estás también que se confundió de lado. Después imaginar un final alternativo, fantasear con que realmente es nuestro y crearle una segunda entrega, elegir a los actores que representarían a esos personajes en la serie de ficción.
Es raro toparse con esas cosas pero los párrafos a veces invaden, con sigilo, porque hay muchas maneras diferentes de decir a cada uno -ponte a escribir-

domingo, 1 de enero de 2012

anio nuevo

el mar moja mis pies y se lo lleva todo. la reflexion florece, inevitable, muda. lleva minutos eternos desacerse de tanto torbellino, y anios entender que sucedio. pero no hay que explicarle a nadie por suerte, ningun poeta se excusa de sus letras ni tartamudea al recitar. las piedras mas pesadas todavia estan ahi, buscando quedarse, aferrandose con desesperacion a lo unico capaz de hacerlas reales. cuesta pero se van. ningun recuerdo merece las lagrimas. hasta los viajeros mas experimentados temen a su fortaleza y las patean lejos, perdiendolas de vista. las olas por suerte se llevan todo. no sabria como alejarlo por mis propios medios.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

¡Noche de verano sin luna!

¿Qué hacemos si ya no estamos?


domingo, 25 de septiembre de 2011

A

Nuestros nombres que escritos en la arena, duraron tan poco
se van los días y se mezclan en la nada
Tan brillante, tan presente, tu alma
eso que no sé interpretar y que nunca me abandona.

jueves, 9 de junio de 2011

miércoles, 20 de abril de 2011

Te extraño de una manera que no se puede explicar tan fácilmente. Menos cuando se está gris, o medio desdibujado, como yo en esta tarde de abril. Cuando salga voy a caminar muy rápido, esquivando a tanta gente que se aglomera en el centro, como pasa en todas las grandes ciudades. Seguramente no piense, es lo bueno de caminar así; por eso a todo el mundo le gusta. Tengo las mismas canciones que oigo una y otra vez, siempre que me pongo a pensar cuáles nuevas cargar a la lista mi imaginación se bloquea. Entonces en mi cerebro, cuando camino, todo lo que llega es similar a un disco rayado. Hace varias semanas que me siento indefinida, como parada sobre un edificio muy alto, mirando hacia abajo, a donde la vida se desarrolla normalmente. Debo tener expresión de autómata, porque a veces en el subte me doy cuenta de que hay gente que me observa con curiosidad. También estoy irritable, y me pasa con mucha facilidad. Como a tantos a través de los siglos, me pasa que quiero gritar, pero no sé bien qué. ¿Qué puedo exclamar? ¿Que injusticias denunciar? Las de la vida cotidiana, tal vez, las laborales, qué trillado. Voy de libro en libro. No quiero hablar con nadie, o mejor dicho simplemente me paro a mirar cómo las bocas de los demás articulan palabras, y sonríen, y dudan, y explican, e invariablemente no cesan; ¿cómo puede ser que tengan tantas cosas para decir?
Y acá estoy yo, y mi paradoja, porque yo también debo tener algo que decir, lo que explicaría tantas letras una al lado de la otra. Algo que me sugiere desde el más allá, y quiere ser parte del más acá, y yo extrañándote ignoro todo lo que no sea tu recuerdo.