sábado, 2 de abril de 2011

La agonía por una palabra tuya,
la secreta dulzura que se esconde en tu mirada,
tantos tesoros que valen para otro ahora,
no buscarías refugio en una casa vacía
aunque años han pasado con nuestras
manos entrelazadas.
Mi poesía sin métrica te llega como
el pregón lejano del pasado
no te aflijas, no recuerdes, no pienses
la historia es una oscuridad silenciosa
no busques el terror que yo ya hice mío.
Salvate,
creé en las señales,
en los amaneceres fríos de otoño,
en las hojas que siguen cayendo
y continúan con el ciclo,
cerrá la puerta de tu casa,
y vacilá, solo un segundo
sentí cómo te miro como si
me pertenecieras hasta en lo más inconsciente.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cierta incertidumbre que golpeaba la puerta aquel invierno sorprendió a los habitantes de la vivienda. Entró sin saludar, pasando por al lado de la mujer y sentándose en el sofá, cerquita del hombre. Con un cigarro consumido en su mano izquierda, con aspecto de llevar días caminando. La oscuridad de su mirada se posó sobre la mesa todavía desarreglada de la cena, los zapatos dejaron marcas de barro sobre la alfombrita blanca de la entrada. Estirándose, el triste sentimiento sonrió a la mujer y palmeó la mano del hombre, que todavía sostenía un gesto de sorpresa sobre su frente. La incertidumbre apoyó el cigarro milenario sobre el cenicero inmaculado de la mesa de café, y rió, con risa suave, cansada, malhumorada. La mujer dio un paso hacia la cocina y se detuvo; mirando por encima del hombro a su pareja suspiró y levantó los platos de la mesa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

El miedo se va. De a poco, imperceptiblemente, los fantasmas que acosaban -y muy duramente- las noches y los días, se esfuman, se vuelven una niebla poco densa que casi no roza. Las palabras fluyen, el sol predomina, como en un picnic exitoso. No sé si el tiempo es la respuesta, sino más bien el complemento; porque parece que estuviéramos siempre parados en el mismo lugar, con una oferta incesante de imágenes que giran a nuestro alrededor. Lo emocionante es el momento en el que estiramos la mano y clickeamos sobre una de ellas, sin pensarlo. En ese momento no somos jóvenes, ni viejos, ni estamos agotados. Simplemente elegimos no seguir, no darle el gusto a la angustia, no volver a contemplar portarretratos de épocas que no volverán. Cerramos los ojos al tocar esa imagen cuando lo que vamos a elegir no es importante, sino el hecho de hacerlo. Se debe confiar, se debe actuar, se debe querer, se debe inspirar hondo y saltar.

martes, 5 de octubre de 2010

Sos

Tu canción me hizo cosquillas anoche, porque deambulabas como un fantasma añejo e imposible en medio de la multitud. Sentí tus dedos rozar mi mano, pero no pude mirar hacia el lado por el cual habías huido, porque ya no estarías ahí; una mancha en el recuerdo del aire que tampoco está seguro de haberte sentido suspirar. Y tu risa, siempre tu risa asesina y cruel recordándome que la batalla está perdida desde el principio, y que estas cadenas son tan reales que el peso en el alma indudablemente está venciendo al coraje.

martes, 14 de septiembre de 2010

Quiero filmarte mientras dormís. Quiero tus secretos de cada noche eternizados en una memoria, quiero tu respiración imperceptible como única música a la hora de meditar. Me gustaría aprender para conocerte el lenguaje de los sueños, quiero saber qué es lo que le susurrás a las sábanas pasadas las 3 de la madrugada. Dejame pasar a tu plano, que acá las cosas son comunes y corrientes y no hay mundos de eternos verdes ni conciencias tranquilas.

domingo, 22 de agosto de 2010

Domingo. Hoy es domingo y todo se aletarga. Mientras espero algo que no puedo definir, me insisto a mi misma para salir y enfrentar esos rostros de fin de semana que se apuran por volver a sus hogares, sabiendo que lo tan temido ha llegado por fin y que ya no son tan libres como lo fueron el sábado. Por no perder esa libertad, o mejor dicho, por perderla de manera más imperceptible, insisto en quedarme en la cama para disfrutar -tristemente- de un capítulo más de esa serie de tv que ya terminó hace años pero que por algún motivo necesito ver. ¿Será porque me lleva a otras épocas, otros espacios? Con frecuencia suele pasarme que necesito hacerme de pequeños objetos o volver a escuchar determinadas palabras que me impresionaron en su momento para encontrar una faceta de mi que se quedó en el tiempo y se hace extrañar. No por adecuada o por trascendente, sino simplemente porque fue y ya no hay peligro de que sea. Al menos no a plena luz del día; en la intimidad los antiguos terrores o los pensamientos oscuros revolotean sobre la mesa esperando impacientes a que alguien se descuide.
Bueno, es domingo y las palabras quieren salir aunque no sea en forma de relato o de poema, más bien en esta especie de ensayo o de diario íntimo -en plena web- porque creo que sienten que las he dejado arrinconadas en alguna habitación del pasado y que las veo como algo pasado de moda. Y sepan que eso jamás. No saldrán de manera audible, pero todavía puedo dibujarlas aunque sea apretando teclas que ahorran tiempo y agilizan el traspaso de pensamientos que todos sabemos son escurridizos. Las palabras, esas acompañan siempre; el amor, la seguridad, la inocencia, la alegría, quedan suspendidos en ciertos períodos pero siempre habrá alguna manera de transmitir lo que duele o molestan esas ausencias. Mi manera son las palabras, diciendo esto a modo de cierta presentación o etiqueta para todo lo volcado días y meses atrás, que fue obra de impulsos a veces y de rabia en otros momentos.
Escribir. Escribir por algún motivo específico es mucho más sencillo; que me encarguen algo en la facultad origina un despliegue de artimañas y lugares comunes que no son muy difíciles de trenzar para llegar a agradar a otros, para recibir el gesto de asentimiento y vislumbrar la sutil sonrisa de lado que indica que ese espíritu está conforme con las frases que desfilan ante su mirada. Yo no suelo estar conforme, por eso cuando termino de escribir algo y me veo en la obligación de tener que releerlo -es una nota que después será plasmada en la cuadriculada planilla del profesor-, toda mi tozudez lucha contra esa obligación de pasear la vista rápidamente agregando comas acá o eliminando palabras repetidas más allá. Hasta que se parece a la música, hasta que lo leo y me parece redondo -nunca lo es- y entonces lo cierro para no volver a verlo y ya no existe para mi.
En este momento escribo porque me ahogo, porque me asfixia la ciudad, con sus domingos de plástico que ya no engañan a nadie y con sus bocinas impacientes que quieren llegar, que desesperan por sobrepasar, que insultan a todo peatón y que me impiden dormirme, porque al fin y al cabo tengo que salir a comprar esa tintura y a enfrentar las últimas horas sin las cadenas de la rutina.
(¿Será cierta la última oración?)

sábado, 14 de agosto de 2010

no te cambiaría por nadie

Sé que es mi imaginación lo que te da forma,
sé que probablemente tus ojos sean negros y tu cabello azul
porque al cerrar los ojos, cada vez te veo distinto
y cada vez más parecido a vos mismo.
Esa forma en mis pensamientos,
esos rasgos que se apoderan de tu cara, y te asustan
los vientos que traen una voz que no es la tuya y que
toma tu garganta, sé que son injustos,
así haciéndote, y creándote, un poco voy desdibujandote
y tu forma verdadera se pierde, porque cuando sos mío
sos a la vez otro, el de la irrealidad
el de los mundos ocultos
el que se oculta a la mirada sensata y a las posibilidades
que, si fueran infinitas!
El roce de tu mano está fabricado de miles de roces
es una combinación perfecta de lo que quiero, y de lo que tengo
esa cálida aspereza de unos dedos que de diluyen cuando me despierto
aún más cansada, aún más lejana.