domingo, 25 de septiembre de 2011

A

Nuestros nombres que escritos en la arena, duraron tan poco
se van los días y se mezclan en la nada
Tan brillante, tan presente, tu alma
eso que no sé interpretar y que nunca me abandona.

jueves, 9 de junio de 2011

miércoles, 20 de abril de 2011

Te extraño de una manera que no se puede explicar tan fácilmente. Menos cuando se está gris, o medio desdibujado, como yo en esta tarde de abril. Cuando salga voy a caminar muy rápido, esquivando a tanta gente que se aglomera en el centro, como pasa en todas las grandes ciudades. Seguramente no piense, es lo bueno de caminar así; por eso a todo el mundo le gusta. Tengo las mismas canciones que oigo una y otra vez, siempre que me pongo a pensar cuáles nuevas cargar a la lista mi imaginación se bloquea. Entonces en mi cerebro, cuando camino, todo lo que llega es similar a un disco rayado. Hace varias semanas que me siento indefinida, como parada sobre un edificio muy alto, mirando hacia abajo, a donde la vida se desarrolla normalmente. Debo tener expresión de autómata, porque a veces en el subte me doy cuenta de que hay gente que me observa con curiosidad. También estoy irritable, y me pasa con mucha facilidad. Como a tantos a través de los siglos, me pasa que quiero gritar, pero no sé bien qué. ¿Qué puedo exclamar? ¿Que injusticias denunciar? Las de la vida cotidiana, tal vez, las laborales, qué trillado. Voy de libro en libro. No quiero hablar con nadie, o mejor dicho simplemente me paro a mirar cómo las bocas de los demás articulan palabras, y sonríen, y dudan, y explican, e invariablemente no cesan; ¿cómo puede ser que tengan tantas cosas para decir?
Y acá estoy yo, y mi paradoja, porque yo también debo tener algo que decir, lo que explicaría tantas letras una al lado de la otra. Algo que me sugiere desde el más allá, y quiere ser parte del más acá, y yo extrañándote ignoro todo lo que no sea tu recuerdo.

sábado, 2 de abril de 2011

La agonía por una palabra tuya,
la secreta dulzura que se esconde en tu mirada,
tantos tesoros que valen para otro ahora,
no buscarías refugio en una casa vacía
aunque años han pasado con nuestras
manos entrelazadas.
Mi poesía sin métrica te llega como
el pregón lejano del pasado
no te aflijas, no recuerdes, no pienses
la historia es una oscuridad silenciosa
no busques el terror que yo ya hice mío.
Salvate,
creé en las señales,
en los amaneceres fríos de otoño,
en las hojas que siguen cayendo
y continúan con el ciclo,
cerrá la puerta de tu casa,
y vacilá, solo un segundo
sentí cómo te miro como si
me pertenecieras hasta en lo más inconsciente.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cierta incertidumbre que golpeaba la puerta aquel invierno sorprendió a los habitantes de la vivienda. Entró sin saludar, pasando por al lado de la mujer y sentándose en el sofá, cerquita del hombre. Con un cigarro consumido en su mano izquierda, con aspecto de llevar días caminando. La oscuridad de su mirada se posó sobre la mesa todavía desarreglada de la cena, los zapatos dejaron marcas de barro sobre la alfombrita blanca de la entrada. Estirándose, el triste sentimiento sonrió a la mujer y palmeó la mano del hombre, que todavía sostenía un gesto de sorpresa sobre su frente. La incertidumbre apoyó el cigarro milenario sobre el cenicero inmaculado de la mesa de café, y rió, con risa suave, cansada, malhumorada. La mujer dio un paso hacia la cocina y se detuvo; mirando por encima del hombro a su pareja suspiró y levantó los platos de la mesa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

El miedo se va. De a poco, imperceptiblemente, los fantasmas que acosaban -y muy duramente- las noches y los días, se esfuman, se vuelven una niebla poco densa que casi no roza. Las palabras fluyen, el sol predomina, como en un picnic exitoso. No sé si el tiempo es la respuesta, sino más bien el complemento; porque parece que estuviéramos siempre parados en el mismo lugar, con una oferta incesante de imágenes que giran a nuestro alrededor. Lo emocionante es el momento en el que estiramos la mano y clickeamos sobre una de ellas, sin pensarlo. En ese momento no somos jóvenes, ni viejos, ni estamos agotados. Simplemente elegimos no seguir, no darle el gusto a la angustia, no volver a contemplar portarretratos de épocas que no volverán. Cerramos los ojos al tocar esa imagen cuando lo que vamos a elegir no es importante, sino el hecho de hacerlo. Se debe confiar, se debe actuar, se debe querer, se debe inspirar hondo y saltar.

martes, 5 de octubre de 2010

Sos

Tu canción me hizo cosquillas anoche, porque deambulabas como un fantasma añejo e imposible en medio de la multitud. Sentí tus dedos rozar mi mano, pero no pude mirar hacia el lado por el cual habías huido, porque ya no estarías ahí; una mancha en el recuerdo del aire que tampoco está seguro de haberte sentido suspirar. Y tu risa, siempre tu risa asesina y cruel recordándome que la batalla está perdida desde el principio, y que estas cadenas son tan reales que el peso en el alma indudablemente está venciendo al coraje.